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Los blockbuster siguen las nuevas tendencias de estreno en pequeña pantalla, fomentando la piratería digital

Descubrimos las últimas tendencias del blockbuster, muchas de las cuales podrían haber venido para quedarse. ¿Qué supone eso para la amenaza de la piratería digital?

Está claro que, mientras que el aumento de la popularidad de las plataformas de streaming es evidente, los cines y el visionado en casa deben coexistir, sin saber cómo será ese panorama en el futuro.

En 2019, el mercado cinematográfico global estaba valorado en 42.000 millones de dólares, pero con el impacto de la COVID los ingresos cayeron un 43% interanual hasta los 12.000 millones en 2020. Se suspendieron blockbusters y pequeñas producciones, los cines cerraron sus puertas y los consumidores se hallaron confinados en casa, con mucho tiempo libre entre manos.

Los vídeos a la carta (VOD), el streaming, los servicios de suscripción, el pago por visión y, por supuesto, la piratería digital ocuparon un lugar privilegiado cuando los aficionados al cine buscaban alternativas para ver sus producciones favoritas.

En este artículo examinamos tendencias nuevas y antiguas y analizamos si los cambios recientes podrían ser permanentes, estableciendo un nuevo modelo de accesibilidad y consumo cinematográfico.

Tendencias históricas de los blockbusters

Quizás hayáis oído hablar del término “blockbuster de verano”. Pues bien, la expresión se acuñó a principios del siglo XX, cuando los cines de EE.UU. fueron de los primeros establecimientos comerciales en instalar aire acondicionado. Hasta entonces, los cines eran un lugar que debía evitarse en los meses de verano, pues las altas temperaturas los convertían en espacios insoportables. De pronto se convirtieron en el sitio de moda, uno de los pocos lugares “frescos”. Esa introducción transformó las temporadas altas para la industria, y de repente las películas más populares y con mayor presupuesto se estrenaban durante los meses de verano.

El acuerdo entre cines y productores era inamovible. Los contratos para estrenar blockbusters en la gran pantalla, antes de que estuvieran disponibles en otras plataformas, se desarrollaron en las siguientes décadas. Los productores cinematográficos más modestos, con presupuestos menores, optaron por temporadas alternativas para estrenar sus películas y evitar así competir con las producciones más esperadas, a la vez que garantizaban que hubiese nuevos estrenos disponibles todo el año.

Puede que la venta de entradas no reportara enormes beneficios a los cines, pero la venta de comida y refrescos en grandes cantidades a los aficionados al cine aseguraba que el modelo de negocio fuera rentable para todas las partes. De hecho, ha sido tan fructífero que se mantiene a día de hoy, atrayendo no solo a quienes buscan refugiarse del sol del verano, sino también a niños que disfrutan de las vacaciones escolares. Aun así, después de todos estos años, todo podría estar a punto de cambiar…

Nuevas tendencias del blockbuster para los estrenos de cine

Durante la pandemia global, los productores cinematográficos buscaron nuevas formas de asegurar que sus últimos estrenos fueran accesibles para los consumidores, mientras los cines permanecían cerrados, o con restricciones respecto a los aforos. Esto tuvo como resultado que se dejaran de lado los acuerdos tradicionales, y películas que, de otro modo, se habrían estrenado en pantalla grande, pasaban directamente a la pequeña pantalla. El aumento de internet, de las plataformas OTT y de los servicios de streaming en los últimos años ha facilitado este nuevo modelo.

Trolls 2: Gira mundial batió récords de streaming siendo uno de los primeros productos estrenados directamente como vídeo a la carta pagado (PVOD). La secuela recaudó casi 100 millones de dólares en las primeras tres semanas. Universal se embolsó más dinero con este modelo de lo que hiciera con la película original de Trolls durante los cinco meses que permaneció en cines cuatro años antes. Ahora los consumidores pueden acceder a algunas de las últimas películas desde la comodidad de su hogar.

The Walt Disney Company estrenó Viuda negra en julio de 2021, simultáneamente en cines y en su plataforma de streaming Disney Plus. Se sabe que, mientras que Disney se queda con un 60% del precio de las entradas de cine, se embolsa un porcentaje aún mayor de los 30 dólares de la entrada PVOD que los consumidores pagaron para ver la película en casa.

La COVID también interrumpió la producción cinematográfica, lo que tuvo como resultado largos retrasos para películas muy esperadas, cambiando fechas de estreno. Conforme las producciones multimillonarias se detenían, algunos proveedores OTT, incluido Netflix, experimentaron un aumento de consumidores que se abrían nuevas cuentas buscando entretenimiento en forma de vídeo a la carta. De hecho, en el primer trimestre de 2020 se crearon 16 millones de cuentas nuevas de Netflix, lo cual casi duplicaba sus ganancias del último trimestre de 2019.

Teniendo en cuenta que los estudios y las distribuidoras suelen quedarse con un porcentaje mucho mayor de las ventas por PVOD, resulta fácil darse cuenta del éxito de este nuevo modelo. Sin embargo, este nuevo método de estrenar películas vino acompañado de controversia cuando Scarlett Johansson acusó a Disney de incumplimiento de contrato, al creer que cuantos más visionados hubiera en los hogares, menos recibiría ella en bonus y regalías.

¿Las nuevas tendencias de estreno de los blockbuster han llegado para quedarse?

¿Podríamos ser testigos de un cambio en los contratos exclusivos de los que los cines han disfrutado hasta ahora?

Pues bien, sin duda parece que podría ser así, sobre todo en EE.UU., donde no hay leyes que garanticen que se respete el modelo tradicional. En Europa tal vez cambien las leyes para adaptarse a los nuevos modelos de estrenos cinematográficos. Pero una cosa es segura, conforme evolucionan plataformas digitales como Netflix, Amazon Prime y Apple TV, también lo hará su poder para competir económicamente por la exclusividad o por el acceso compartido a los últimos blockbusters y, si los consumidores lo exigen después de haber experimentado cómo podría ser, podría resultar difícil, e incluso absurdo, regresar al modelo existente.

La cronología de los medios, también conocida como ventana de distribución, sin duda deja huecos en la cadena con respecto a la disponibilidad. Las películas pueden aparecer en cines durante un periodo de tres meses, durante el cual pueden cancelarse en función de la venta de entradas, o el número de pases puede verse reducido conforme disminuye la demanda. Pasado ese periodo, transcurre un tiempo hasta que las películas se estrenan como vídeo a la carta, como streaming online o en la pequeña pantalla. Ese tiempo transcurrido contribuye a la demanda de contenido pirata. Si las películas no están disponibles a través de fuentes legítimas, ya sea debido a la ventana de distribución o a las restricciones del país, entonces al consumidor no le queda otra opción que la piratería.

También se destinan muchos recursos a las campañas publicitarias ATL (above the line, literalmente “por encima de la línea”) y, cuando se ha generado el bombo publicitario, es importante que el contenido esté disponible si queremos obtener las ganancias mediante los visionados y los ingresos. Si el contenido está inaccesible durante varias semanas o meses tras el estreno en cines, se pierde parte del valor obtenido mediante esas campañas publicitarias masivas.

Parece que estas nuevas tendencias podrían haber llegado para quedarse, y los beneficios están a la vista de todos. Sin embargo, estas tendencias cambiantes ejercen presión sobre los grandes estudios y demás empresas de producción, que ahora reconsideran los detalles de sus contratos con las estrellas de cine, lo que a su vez ejerce presión sobre las agencias de representación, que siguen un modelo basado en las comisiones.

¿Supone esto el final para los cines?

Desde luego que no. Los cines son una parte importante de la cultura cinematográfica y, tras 125 años de pantalla grande, la industria no desaparecerá sin más. En cualquier caso, ha quedado claramente dañada, no solo por la COVID y la nueva ventana de distribución, sino también por las mejoras en los sistemas de entretenimiento en el hogar, la tecnología e internet.

En 2019 un 14% de los adultos de EE.UU. iba al cine una o más veces al mes, y parece que las generaciones más jóvenes son más susceptibles de acudir. El 43% de la Generación Z había visto una película en el último mes, y el 34% de la Generación X. Cierto, los números han caído, pero las taquillas han experimentado un repunte reciente.

Los blockbusters están hechos para las grandes pantallas, no para dispositivos más pequeños, y en particular los aficionados a las películas de acción querrán ver los estrenos en todo su esplendor, ya sea en 3D en el IMAX.

Aunque mucho se ha hablado del impacto negativo de la COVID, también ha servido para recordarnos lo que hemos echado de menos mientras nos protegíamos de este virus. Conforme recuperemos cierto grado de normalidad, las salidas al cine volverán a ser un acontecimiento emocionante para amigos, familias y parejas por igual.

Está claro que, mientras que el aumento de la popularidad de las plataformas de streaming es evidente, los cines y el visionado en casa deben coexistir, sin saber cómo será ese panorama en el futuro. Los cines están aquí para quedarse.

¿Podrían los nuevos modelos de distribución facilitar un aumento de la piratería digital?

El cambio en el modelo tradicional de estrenos tanto de blockbusters como de producciones de menor presupuesto, que hace que las películas a veces se salten el paso de la pantalla grande o que se estrenen en la pequeña y gran pantalla simultáneamente, sin duda podría facilitar la piratería digital.

Se sabe que es difícil para los piratas obtener copias de alta calidad de películas que solo se exhiben en cines, pero, cuando llegan a la pequeña pantalla, o se estrenan como vídeo a la carta, el proceso se vuelve mucho más fácil. Los cambios en la ventana de distribución tradicional podrían tener como resultado un repunte de aquellos que optan por visionar o descargar copias piratas, sobre todo si los consumidores tienen que abonar tarifas significativas para ver los últimos estrenos, o pagar por numerosas suscripciones conforme crece la fragmentación del contenido, o si hubiera disponibles copias piratas de mayor calidad.

Por otra parte, mejorar la accesibilidad y la elección para los consumidores podría también tener el efecto contrario. Ofrecer a los consumidores más flexibilidad a la hora de ver las últimas películas podría ayudar a potenciar el consumo de canales y fuentes oficiales. El precio y el acceso serán dos factores fundamentales.

Si bien hay algunos consumidores que siempre optarán por el contenido pirata si este está disponible, sin tener en cuenta otros factores, no es ese el caso de todos los aficionados al cine que ven contenido pirata. Los consumidores actuales exigen elección y flexibilidad y, si no la tienen, entonces encontrarán alternativas para acceder al contenido que desean consumir. Los proveedores digitales que manejan contenido de alto valor deben darse cuenta del papel tan importante que desempeña la tecnología antipiratería y aplicar un alto nivel de protección para asegurar que defienden sus enormes inversiones. Combatir la piratería en el cine es una tarea de la que todos los interesados deben formar parte, abordando de manera coordinada esta actividad ilícita.

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