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La piratería de libros educativos, un problema que requiere protección y concienciación

En Smart Publishing Protection protegemos online 27.000 publicaciones, de las cuales 4.000 corresponden a libros de texto y universitarios

El 95% de las webs que anuncian tener un libro para descargar no lo tienen

Estimamos que en el mundo se producen 15.000 descargas ilegales de libros cada minuto. Aunque la piratería en el sector editorial no tiene tanta presencia en los medios de comunicación como la de películas o música, las cifras son alarmantes. Se calcula que el 24% de los consumidores de libros son piratas, es decir, prácticamente una cuarta parte de los lectores descarga libros de manera ilícita.

Dentro del sector editorial, las descargas ilegales se distribuyen de manera desigual entre los diferentes tipos de publicaciones. Por ejemplo, si hablamos del sector de los libros de texto o universitarios, la propagación de la piratería es considerablemente menor que en obras narrativas o literarias. Sin embargo, en el caso de los libros educativos, la forma de alojar y distribuir la piratería online es más sofisticada.

De las más de 27.000 obras registradas en nuestra plataforma tecnológica Smart Publishing Protection, entre libros y audiolibros, casi un 15% son publicaciones educativas.

Otra variable que debemos tener en cuenta es la fecha de publicación del libro. Según datos del Observatorio de la piratería 2018 elaborado por Gfk, la mayor parte de las descargas ilegales (42%) corresponden a publicaciones lanzadas hace menos de un año. El 34% del total de accesos ilícitos corresponde a libros lanzados entre uno y tres años antes de la descarga, y el 24%, a publicaciones de más de 3 años. En definitiva, una novela publicada en el último año tiene más probabilidades de ser pirateada que un libro educativo del 2015.

Aunque la piratería de libros educativos sea inferior porcentualmente a la de narrativa, el problema que supone a las editoriales educativas no es inferior, ya que la inversión que un libro de texto o universitario requiere es mucho mayor y por lo tanto el ROI se ve afectado de mayor manera.

La falsa piratería, igual de dañina, pero sobre la que no se puede actuar legalmente

Con 15.000 descargas ilegales cada minuto, es difícil pensar en un negocio y más dañino para el sector editorial. Ahora imagina a un lector que trata de descargar de manera ilegal el último libro de su escritora favorita. Si teclea el título en Google, este muestra decenas de resultados relacionados con ese libro. El usuario accederá a las primeras URLs y probablemente entrará en decenas de fake webs (web falsas), donde clicará en botones o enlaces falsos y visualizará todo tipo de publicidad antes de llegar al archivo que busca y que finalmente no existe. Este negocio se conoce como falsa piratería, que es aún mayor que la propia piratería de libros y también provoca daños y perjuicios.

Tan solo el 5% de las webs que anuncian tener un libro para descargar poseen realmente el archivo para bajarlo o leerlo online. El 95% restante son webs fake, que solo contienen publicidad y se lucran a través de clics en enlaces. En Smart Publishing Protection consideramos igualmente ilegales este tipo de webs y las denunciamos ante Google para que no aparezcan indexadas.

De esta forma, ayudamos a posicionar mejor la imagen y los productos de la propia editorial. Son sitios que anuncian que tiene un título que en realidad no tienen, por lo que no se puede actuar contra ellas desde el ámbito legal. Sin embargo, Smart Publishing Protection, gracias a su acuerdo TCRP con Google, puede desindexar estas URLs en el buscador, ya que son denunciadas por ser engañosas anunciando un contenido que no tienen. Con esta desindexación el problema queda resuelto en pocas horas.

¿Cómo combatimos la piratería de libros? Simulamos el comportamiento de un usuario con tecnología machine learning

La tecnología de Smart Publishing Protection está basada en las búsquedas semánticas, esto es, capturamos enlaces cuyo contenido tiene el nombre de la obra que protegemos junto a la opción de descargarlo o visualizarlo online. Para automatizar las búsquedas, nos ponemos en la piel del pirata: ¿cómo lo buscaría? O aún más importante: ¿cómo lo encontraría de una manera más rápida? Valoramos un gran número de variables que estudiamos, configuramos y reconfiguramos a medida que vamos aprendiendo de los datos. Por ejemplo, ¿el título de la obra es largo o corto? ¿Es conocido o desconocido? ¿Puede dar lugar a resultados ambiguos? ¿Existe alguna web con ese nombre? Tenemos en cuenta cada parámetro que pueda provocar un conflicto de captura veraz en nuestro sistema.

Nuestro algoritmo está aprendiendo continuamente para ser cada vez más eficiente según el canal en el que estemos buscando. La mayoría de los resultados que capturamos están indexados en Google, donde existe un gran número de webs dedicadas a la falsa piratería. Como partners de confianza de Google, nuestra efectividad de desindexación es del 100% en las más de 11 millones de URLs localizadas hasta el momento.

Una de las vías desde las que controlamos la propagación de la piratería es el uso de las blacklists y whitelists proporcionadas por clientes o aprendidas por el sistema, pero no es la única. Muchos casos ocurren en las redes sociales, donde utilizamos un algoritmo similar en cada una de ellas, pero adaptado a las diferentes plataformas. En Smart Protection también tenemos acuerdos con las redes sociales para la eliminación inmediata de posts ilegales.

En plataformas de vídeo como YouTube, Vimeo o Dailymotion es común encontrar vídeos fake con enlaces a webs ilegales en la propia descripción del contenido. Actuamos sobre este tipo de publicaciones eliminándolas inmediatamente, almacenando el dominio ilegal y capturando los archivos de descarga, que también denunciamos para su eliminación.

¿Cómo actuamos en websites que alojan contenido legal e ilegal? Con un equipo de analistas especializados en cada sector

En otras plataformas, como la red social Blogger, la descarga del contenido puede ser más directa e incluso puede localizarse en blogs completamente legales. En este caso, un lector de Blogger podría localizar un enlace de descarga ilegal en un blog dedicado a la crítica literaria, por ejemplo. Estos casos son similares a los que encontramos en el dominio Scribd, que puede contener la oferta de contenidos autorizada o no autorizada.

Cuando encontramos resultados en las webs que no son totalmente legales, nos encontramos en la tesitura de hacer un filtro y una verificación más rigurosa, y de manera personal, por parte de nuestros analistas. Así, vamos educando al sistema para que aprenda a largo plazo a diferenciar dónde debe o no debe capturar la información.

Por último, es importante recordar la normativa sobre copyright aprobada en febrero por el Parlamento Europeo, donde se crea un marco legislativo entre las grandes plataformas de contenido (como Google o las redes sociales) y los autores para facilitar la eliminación de aquellos contenidos que no fueran “fragmentos muy breves”. Además, se confirmaba que las plataformas estarán obligadas a compartir los beneficios siempre que el autor reclame su contenido como propio, trabajo que desarrolla Smart Publishing Protection.

La concienciación sobre la piratería de libros educativos es imprescindible

Es obvio que la preparación y producción de libros y audiolibros educativos, en cualquier formato, supone una inversión importante, no solo de recursos económicos, sino también de esfuerzo creativo. Desde su misma creación, por tanto, es necesario pensar y dedicar esfuerzos a su protección.

En este sentido, no solo la piratería descrita anteriormente afecta al sector educativo. En ocasiones, el desconocimiento o los usos abusivos traspasan ampliamente los límites de los derechos de citas y reseñas con fines educativos encontrando que estas obras pedagógicas son “compartidas” masivamente y sin control. En este aspecto, es una labor de todos transmitir a nuestra sociedad que los libros educativos, al igual que la narrativa, también tienen derechos de autor.

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